Estudio TIRONI-Datavoz: 1 de cada 3 personas carece de capacidad de respuesta y recursos frente a los altos riesgos que enfrenta
El primer estudio de la alianza muestra que la economía se consolida como el principal riesgo cotidiano y que el cruce entre riesgo y resiliencia da origen a cuatro formas distintas de vivir la seguridad humana en Chile.
Un 33,2% de la población se encuentra hoy en una situación de alta vulnerabilidad, combinando altos niveles de riesgo con bajas capacidades de respuesta frente a crisis y situaciones adversas. Este grupo concentra dificultades económicas, mayor exposición a delitos y menores redes de apoyo. Así lo revela el Monitor de Riesgos y Resiliencia (MRR), el primer estudio desarrollado en el marco de la alianza entre TIRONI y Datavoz.
Uno de los principales hallazgos del estudio es que la dimensión económica aparece como un eje central en la experiencia cotidiana del riesgo. Más allá de la delincuencia, la incertidumbre respecto de los ingresos, la capacidad de sostener gastos básicos y la posibilidad de enfrentar imprevistos económicos emergen como factores decisivos en la forma en que las personas experimentan la seguridad en su vida diaria.
A diferencia de otras mediciones, el MRR propone una mirada más amplia de la seguridad, incorporando no solo la exposición a distintos riesgos, sino también las capacidades con que cuentan las personas para enfrentarlos y adaptarse. El estudio muestra que la principal diferencia no está únicamente en los riesgos que enfrentan las personas, sino también en las herramientas disponibles para responder a ellos.
En ese contexto, la socia de TIRONI, Denisse Vega, señala que “la evidencia muestra que el riesgo no se vive de manera homogénea. Hay diferencias importantes en las herramientas que tienen las personas para enfrentarlo, y eso termina configurando realidades muy distintas dentro del país”.
Cuatro formas de vivir el riesgo dentro de un mismo país
A partir del cruce entre riesgo y resiliencia, el estudio identifica cuatro grupos que conviven actualmente en la sociedad chilena: “Desbordados”, “Tensionados”, “Frágiles” y “Adaptativos”.
El grupo más crítico corresponde a los “Desbordados”, donde se concentra la mayor vulnerabilidad frente a los riesgos y las menores capacidades de respuesta. En este segmento, un 82,6% declara dificultades para cubrir gastos básicos y un 44,3% ha sido víctima de delito, combinando presión económica y exposición directa a inseguridad.
En el extremo opuesto se ubican los “Adaptativos”, quienes presentan menor exposición al riesgo y mayores capacidades para enfrentarlo. Un 72,4% podría sostener sus gastos entre uno y tres meses sin ingresos, reflejando una situación de mayor estabilidad relativa.
Entre ambos polos aparecen dos grupos intermedios con dinámicas distintas. Los “Tensionados” enfrentan altos niveles de riesgo, pero logran sostenerse parcialmente gracias a distintos recursos y redes de apoyo. Un 86,9% de este grupo declara contar con apoyo vecinal.
Por otro lado, los “Frágiles” presentan bajos niveles de exposición al riesgo, pero también bajas capacidades de respuesta. Un 63,3% declara no contar con redes de apoyo. Para Paulina Valenzuela, socia fundadora de Datavoz, este grupo representa uno de los hallazgos más relevantes del estudio: “Son personas que hoy no enfrentan grandes riesgos, pero que cuentan con pocas herramientas para responder si sus condiciones cambian. Es una vulnerabilidad menos visible, pero igual
La economía como experiencia cotidiana de inseguridad
El estudio muestra que la seguridad no se juega únicamente en la delincuencia o la seguridad pública, sino también en factores económicos y cotidianos que afectan directamente la estabilidad de las personas.
En los grupos más vulnerables, la fragilidad económica aparece como una dimensión central de la experiencia de inseguridad. Entre los “Desbordados”, un 90,2% anticipa dificultades económicas en los próximos meses y un 31,3% no podría sostener sus gastos ni siquiera por una semana si dejara de percibir ingresos.
Los resultados sugieren, además, que la protección frente al riesgo recae fuertemente en las personas y sus redes cercanas, con menor presencia de soportes más amplios o institucionales. En este contexto, las estrategias individuales de adaptación muestran límites claros frente a escenarios de alta vulnerabilidad.
“Lo que vemos es que la seguridad se está jugando en lo cotidiano: en la capacidad de sostener ingresos, enfrentar gastos y proyectar estabilidad”, señala Paulina Valenzuela. “Eso redefine la forma en que las personas entienden hoy la seguridad en sus vidas”.
Alianza para entender fenómenos complejos
El MRR se enmarca en la alianza entre TIRONI y Datavoz, que busca desarrollar e instalar la Inteligencia Social como una nueva aproximación para la generación de evidencia, orientada a integrar datos, analítica avanzada y lectura de entorno.
La iniciativa contempla el desarrollo de nuevas herramientas de análisis y monitoreo, con foco en anticipar riesgos sociales y fortalecer la capacidad de respuesta tanto del sector público como privado, en un contexto de mayor incertidumbre. En ese marco, Vega destaca que “este tipo de mediciones permite anticipar escenarios y entender mejor fenómenos complejos, integrando riesgo y capacidad de respuesta en una misma lectura”.